En aquel pueblo todos eran ricos menos uno que no tenía nada. Este, como
quería tener al menos una ternera, se talló una de madera. Movía la cabeza, el rabo, y
parecía de verdad.
"Es pequeña pero crecerá y será una vaca", pensó satisfecho.
Al día siguiente confió la ternera al pastor que cuidaba el ganado del
pueblo. "Llévala en brazos, porque todavía no sabe andar", le dijo.
El pastor la llevó al prado y la dejó, convencido de que estaba pastando
pensó: "Con lo que come pronto se hará grande".
Por la tarde la llamó para volver a casa, pero la ternera no se movió.
"¡Si sabes comer, también tienes que saber andar!", se enfadó el pastor.
"Vuelve a casa sola".
El hombre pobre, al verlo regresar sin su animal, se enfadó. Volvieron a
ir al prado, pero no la encontraron. Entonces el pastor dijo: "Se habrá
perdido"
"!Por tu culpa que no la cuidaste¡", le acusó
el hombre.
El juez le dio la razón y el pastor tuvo que darle una vaca en
compensación.
Y así, la ternera de madera se convirtió en una auténtica vaca.
HERMANOS GRIMM