Un taxista iba de noche
por las calles principales de la ciudad. El trabajo había estado malo porque no había
muchos clientes, y los pocos que salían protestaban por el tráfico o no querían pagar
lo que marcaba el taxímetro.
Aburrido y cansado, el taxista decidió iniciar el camino a casa. Pero al avanzar dos
cuadras una persona lo llamó con la mano.
El taxista paró y le dijo al pasajero: "voy para el barrio de la colina ¿le
sirve?"
El pasajero se montó en el asiento trasero y simplemente dijo "avance".
El taxista, como si nada arrancó y esperó a que el pasajero dijera algo. Sin embargo él
no decía ni una palabra.
El taxista comenzó a ver por el espejo retrovisor para ver el rostro de su cliente, pero
no pudo ver nada. Tenía un gran sombrero que le cubría el rostro ayudado por las sombras
de la noche, y vestía un enorme abrigo.
De un momento a otro el pasajero sacó de uno de los bolsillos un pequeño paquete. Lo
abrió y en su interior había una especie de chocolatina, pero de color azul.
"¿Chocolatinas azules? Vaya los gustos de la gente de ahora" pensó el taxista.
Y mientras veía por el espejo retrovisor como comía su cliente la
"chocolatina", se sorprendió al sentir que su auto era más liviano al manejar.
"Esos nuevos neumáticos parece que son muy buenos, que suavidad al manejar",
dijo en voz baja. Pero cuando detalló nuevamente el camino lo único que vio fue las
estrellas en el cielo |