El soldadito de Plomo
Hace mucho tiempo un niño recibió el día de su cumpleaños un hermoso regalo: eran 25 soldaditos de plomo, todos con su uniforme pintado de rojo y negro, y con su fusil color gris al hombro. Todos eran iguales a excepción de uno. Era igual de hermoso a los otros 24, pero como en la juguetería se les había terminado el plomo, sólo tenía una pierna.Sin embargo el soldadito de plomo jugaba como los otros soldados, y se paraba firme a pesar de no tener los dos pies.

Un día el niño colocó los soldaditos en una mesita. Al fondo de la mesa había muchos juguetes, pero el más hermoso era un castillo de cartón pintado con el color de oro y con ventanitas azules. Tenía muchos cuartos y al frente estaba un estanque de vidrio lleno de patos y cisnes con plumas de cera. Y en la entrada de aquel palacio había una muñequita de cartón, de rostro blanco como la harina y mejillas rosadas. Unas largas y rubias trenzas se posaban sobre los hombros haciendo juego con su vestido dorado.

La muñequita tenía un brazo hacia arriba y una pierna recogida, como si quisiera alcanzar el cielo: era una bailarina de ballet. El soldadito de plomo miró a la bailarina y se dijo así mismo que nunca había visto algo tan hermoso. Se enamoró de ella, pero no se atrevió a hablarle, porque pensaba que no lo aceptaría, ya que él vivía en una caja de cartón con los otros 24 soldaditos, y no en un castillo. Sin embargo, todas las noches el soldadito de plomo miraba a la bailarina y soñaba que bailaba con ella un vals en el salón principal del castillo de cartón.