El Rey se levantó muy
temprano, bajó al comedor real y pidió un gran desayuno: café, te, jugo de naranja,
uva, y manzana; pan dulce, tortas de todos los sabores, huevos de faisán, de pato, y de
gallina; y carne de venado. El Rey estaba hambriento. Pero cuando fue a tomar el primer
bocado de alimento, cual sería su sorpresa al ver que se convertía en oro.
Sorprendido por lo sucedido, el Rey pensó que la comida se había convertido en oro
porque aún no dominaba su don. Entonces decidió comer un poco de carne de venado.
También se convirtió en oro. Y así pasó con todo el desayuno. El Rey, molesto,
decidió levantarse de la mesa y ordenó que el desayuno, ahora convertido en oro fuera
llevado a la bodega real con los demás tesoros.
Luego, el Rey Midas decidió caminar por el bosque junto al palacio. Allí también
ocurrió lo mismo que en el comedor real: todo lo que tocaba se convertía en oro. Los
árboles, las flores, el agua, e incluso una mariposa y un petirrojo que se le acercaron,
también quedaron convertidos en oro.
Así pasaron los días. El Rey estaba desesperado porque no podía comer ningún alimento
a pesar de que lo había intentado todo. Además cualquier cosa que tocara con sus manos,
por pequeña que fuera, se convertía en oro. Lo peor ocurrió cuando su hija Raquel lo
visitó en su aposento real. |