En un lejano reino
existió un rey muy avaro, que no se preocupaba por su pueblo y sólo pensaba en acumular
riquezas. Ni siquiera a su hija Raquel le brindaba un poco de cariño, e incluso le
prohibió que viera a su novio, el príncipe Alfredo.
El príncipe decidió, entonces, llamar a un duende amigo, llamado Filemón, para que le
ayudara a obtener el permiso del rey y poder casarse con su amada Raquel. Así que una
noche el duende Filemón se apareció en el salón principal del reino donde el rey Midas
estaba contando sus monedas de oro, las cuales lustraba con una crema especial una por
una.
El Rey lo recibió y el duende le dijo que el rey del mundo de la fantasía le había
concedido un deseo. El Rey Midas, muy feliz por la noticia que le había dado el duende, y
luego de pensarlo unos minutos le dijo: "quiero que todo lo que toque se convierta en
oro".
El duende le preguntó al Rey: "¿estás seguro de lo que estás pidiendo?".
"Nunca he estado más seguro en toda mi vida", dijo Midas. El duende voló sobre
la cabeza del Rey Midas, y luego de decir en voz alta unas palabras en un idioma extraño,
desapareció.
El Rey estaba muy emocionado por el poder que le había concedido el rey del mundo de la
fantasía, pero estaba muy cansado por contar sus monedas, por lo que decidió irse a la
cama a dormir y probar su nuevo poder a la mañana siguiente. |