| Los niños siguieron rápidamente el
rastro de las piedras y rápidamente se juntaron con su padre. Ese mismo método lo
utilizó durante varios días. Sin embargo, un día que salieron a recoger leña, el
leñador decidió ir a otro camino por lo que no pudieron ir al río a recoger piedras.
Cuando terminaron el trabajo, los niños se internaron en el bosque para jugar. Pulgarcito, preocupado por no poder encontrar el camino de regreso, tomó el
pan de su merienda y repartió las migas por el sendero. Pero cuando iban a regresar las
migas desaparecieron. Los pájaros y animales del bosque se habían comido las migas.
Los niños vagaron y vagaron por el bosque sin poder encontrar el camino. Sólo después
de tres horas de caminata lograron llegar hasta una casa. Era una cabaña enorme, con
techos muy altos y una puerta que parecía ser la de un castillo. Los niños entraron por
una rendija y se instalaron en una enorme cama. Allí se quedaron dormidos por el
cansancio de la caminata.
Horas más tarde, unos fuertes ruidos despertaron a los niños.
El gigante, dueño de la casa, había llegado. Al ver los niños
dijo: "Que bueno, comeré niños a la cazuela". Los
niños asustados corrieron por debajo de las piernas del gigante,
que no los pudo atrapar. Pulgarcito y su hermano corrieron
por el bosque y el gigante los seguía muy de cerca. Luego
de varios minutos de persecución, los niños se refugiaron
en un arbusto para evitar que el gigante los atrapara, pero
con tan mala suerte que el
gigante decidió dormir la siesta al lado de ellos.
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