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El rey hizo una gran fiesta en su palacio pero
se le olvidó invitar a la bruja. La mujer en venganza, lanzó un hechizo contra la menor
de las hijas del Rey y la convirtió en ratoncita "hasta que mi hermana ría".
El Rey mandó traer todos los bufones del mundo y todos los payasos pero ninguno pudo
hacer reír a la hermana de la bruja.
Así pasaron los meses y los meses y la princesa no recuperaba su forma normal, por lo que
el Rey debió ordenar que expulsaran a todos los gatos del reino para impedir que se
comieran a su hija.
Varios años después hubo una gran fiesta en la casa de uno de los hombres más ricos del
reino. Todo el mundo fue a la fiesta.
La princesita, que desde que había sido convertida en una ratoncita no había vuelto a
bailar, también quiso ir pero nadie la llevó.
Así que ella decidió que iría por sus propios medios.
Fue al patio trasero del palacio y montó un gallo al que
le ató un hilo de oro en el pico.
Al llegar a la casa del hombre rico la princesita se veía tan chistosa encima del gallo
que hasta la bruja y su hermana, que estaban en la fiesta, no pudieron aguantar la risa. Y
en ese momento la ratoncita se convirtió nuevamente en la joven y hermosa princesita.
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