|
Era Peter Pan que, alertado por Campanita, había
llegado justo a tiempo de evitarles a sus amigos una muerte cierta.
Comenzaron a luchar. De pronto, un tic-tac muy conocido por Garfio
hizo que éste se estremeciera de horror. El cocodrilo estaba allí
y, del susto, el Capitán Garfio dio un traspié y cayó al
mar. Es muy posible que todavía hoy, si viajas por el mar, puedas
ver al Capitán Garfio nadando desesperadamente, perseguido por el
infatigable cocodrilo.
El resto de los piratas no tardó en seguir el camino de su capitán y todos acabaron
dándose un saludable baño de agua salada entre las risas de Peter Pan y de los demás
niños. Ya era hora de volver al hogar. Peter intentó convencer a sus amigos para
que se quedaran con él en el País de Nunca Jamás, pero los tres niños echaban de menos
a sus padres y deseaban volver, así que Peter les llevó de nuevo a su casa.
- ¡Quédate con nosotros! -pidieron los niños.
- ¡Vuelvan conmigo a mi país! -les rogó Peter Pan-. No se hagan
mayores nunca. Aunque crezcan, no pierdan nunca su fantasía ni su
imaginación. De ese modo seguiremos siempre juntos.
- ¡Prometido! -gritaron los tres niños mientras agitaban sus manos diciendo adiós. |