| Sin embargo el zorro abrió los ojos, y
como estaba dispuesto en el plan, comenzó a gritar "ladrón ladrón". El perro
sorprendido miró para todos lados y vio como varios zorros, acompañados de cuervos y
ciervos corrían para atraparlo. El perro tomó el trozo de carne y comenzó a correr. Los
animales persiguieron al perro hasta obligarlo a dirigirse a una llanura desconocida. El perro, aunque desconocía el camino corría con todas sus fuerzas. Al
llegar a un puente los animales se escondieron para que el perro no los viera. El ladrón,
al ver que ya no era perseguido, dejó de correr y pasó el puente moviendo la cola en
señal de victoria.
Cuando estaba en el puente decidió mirar abajo y descubrió el
rostro de un perro con un gran trozo de carne en su boca reflejado en el río. El perro se
dijo asimismo: "si fue tan fácil quitarle la carne al zorro, no tendré problemas
con un perro".
Dicho esto se lanzó al río para atacar al perro reflejado, sin
darse cuenta que era él mismo. El perro se desconcertó al ver que no había otro perro
en el río, pero eso era el menor de sus problemas: el perro no sabía nadar. Comenzó a
mover sus patas para evitar hundirse y trataba de mantener por fuera del agua el trozo de
carne que aún sujetaba con fuerza entre los dientes.
Los animales del bosque se acercaron al río y le dijeron al perro
que si soltaba la carne lo ayudarían a salir. El perro, creyendo que era un truco para
quitarle su botín, se negó y siguió moviendo las patas hasta que el cansancio lo
venció y se ahogó.
Jean De La Fontaine
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