El patito feo

Llegó el invierno y la superficie del estanque empezó a helarse poco a poco. Para no quedar atrapado entre el hielo, el patito feo tuvo que seguir moviendo el agua a su alrededor, sin un momento de reposo, luchando para sobrevivir contra el cansancio y el hambre.

Tuvo que luchar contra adversidades de todo tipo, pero después volvió la primavera y el estanque volvió también a estar verde y azul, tibio y tranquilo.

Entonces el patito feo estiró el cuello y las patas; probó a estirar también las alas y.... echó a volar. Había crecido mucho aquel invierno y claro, también le habían crecido las alas.

Con un suave aleteo voló por encima de los árboles de un magnífico parque, hasta un lago donde nadaban los elegantísimos cisnes que tanto había admirado en otoño.

Los cisnes estuvieron muy contentos de recibirlo porque el pobrecillo, al que durante tanto tiempo todos habían considerado un patito feo, era tan diferente de los demás patitos sencillamente porque ¡Era un cisne!.

Y desde ese entonces, las alabanzas de todos los que pasaban le compensaron de todo lo que había tenido que padecer antes.

HNAS CRHISTIAN ANDERSEN