El patito feo

La madre hizo todo lo que pudo para defenderlo, pero los animales eran muchos y, al final, el patito feo tuvo que resignarse a irse, ya que era la única forma de salvarse.

Fue al estanque y se acostumbró a vivir con los gansos silvestres, aunque no tenían muy buena fama y su existencia era dura y estaba llena de sacrificios. Los gansos aceptaron al patito feo sin ningún problema; al contrario, se alegraron de tenerlo con ellos.

Pero un día llegaron al estanque los cazadores y mataron gran cantidad de gansos. Hasta el patito feo vio que se abalanzaba sobre él un perro y ya se resignaba a morir cuando, increíblemente, el perro se alejo sin morderlo siquiera. El pobrecillo, en vez de alegrarse, se sintió triste y adolorido por ello.

"Soy tan feo", pensó, "que ni los perros quieren comerme".

Desde aquel día el patito se quedó sólo en el estanque. A decir verdad, también había otras aves grandes y blancas, de aspecto elegantísimo y con preciosas mascaritas negras y amarillas en el pico. Pero aquellas aves (los cisnes) vivían en una parte lejana del estanque, por lo que el patito feo no sabía que existían.

Un día las vio pasar volando y quedó fascinado: "Cómo me gustaría ser como ellas", dijo.

Intentó estirar las alas para seguirlas pero volvió a caer al agua; cuando levantó la cabeza, ya habían desaparecido.