La mesa mágica
En un lejano país había un mago muy anciano, el cual trabajaba de pueblo en pueblo divirtiendo a la gente. El mago estaba muy enfermo, por lo que decidió retirarse a su casa para descansar sus últimos años. 

El mago tenía un ayudante. Un muchacho que era muy noble y fiel y siempre lo había acompañado en todos sus viajes. El mago, en agradecimiento por sus servicios le regaló a su ayudante una mesa, la cual, con sólo decir la palabra mágica "lista" le daría todos los alimentos que necesitara. 

El ayudante agradeció el regalo y regresó a su pueblo a vivir con su padre. En medio del camino decidió descansar en una posada muy humilde. El lugar estaba lleno, y el dueño le dijo al joven que podría quedarse pero que sólo podría darle un pedazo de pan por comida. El ayudante le dijo que no había ningún problema, y a la hora de la cena sacó la mesa y dijo "lista", y la mesa mágicamente preparó un delicioso banquete, tan abundante, que hasta los demás residentes pudieron disfrutarlo. 

El dueño de la posada estaba sorprendido por lo ocurrido. Luego de comer, el ayudante se fue a dormir. Mientras tanto el dueño de la posada, creyendo que la mesa mágica le serviría más a él que al joven, la cambió por otra mesa idéntica, la cual la puso en el lugar donde el ayudante guardaba la original. 

A la mañana siguiente, el ayudante partió con su mesa y llegó al pueblo donde vivía su padre y allí se dedicó a cultivar la tierra. Contrario a lo que se pueda pensar, la mesa falsa le siguió dando al joven los alimentos que él necesitaba, mientras que la original, cuando el dueño de la posada decía "lista", en vez de un banquete, hacía aparecer un enorme garrote que lo golpeaba. 

Esto era porque el mago no había hecho mágica la mesa, sino que le había dado el poder al joven ayudante para que pudiera hacer aparecer la comida. Y eso nunca lo supo el ayudante. 

Hermanos Grimm