Una niña iba de paseo comiendo una rebanada de pan. Se le acercó una
viejecita que le pidió algo de comer y ella, sin dudarlo, le dio todo el pan que le
quedaba. "Toma", le dijo y siguió su camino.
Poco después encontró una niña que se agarraba la cabeza con las manos:
¿Qué te pasa?, le preguntó. "Tengo mucho frío. No tengo ni un mísero pañuelo
para ponerme en la cabeza".
La niña, sin pensarlo ni un instante, le regaló su gorro.
Un poco más adelante le dio su falda a otra niña. Poco a poco se quedó
sólo con la enagua. Pero una niña le dijo: "Ya está oscuro y nadie te verá.
¡Dame tu enagua!". Y se la dio.
Justo en aquel momento cayeron todas las estrellas del cielo, en forma de
escudos luminosos y cubrieron a la generosa niña con un manto brillante. La luna se
colocó sobre la cabeza como si fuera un gorrito y dos últimos rayos de sol que se
ocultaban le cubrieron las manos como guantes de finísima lana. Su generosidad había
sido premiada.
HERMANOS GRIMM