La liebre y la tortuga
En el mundo de la naturaleza todos los animales se destacaban por una cualidad: los elefantes por su fuerza; las panteras por su agilidad; las águilas por su capacidad de volar a grendes alturas; y las liebres por su rapidez.

Cierto día una liebre se burlaba de las cortas patas y lentitud al caminar de una tortuga.

La tortuga, que era muy inteligente, no le puso atención a las burlas de la liebre y en cambio le replicó:

-Puede que seas veloz como el viento, pero yo te ganaría en una competencia

Y la liebre, totalmente segura de que aquello era imposible, aceptó el reto, y propusieron a la zorra que señalara el camino y la meta.

La zorra dispuso que los competidores debían salir del lago y dar la vuelta por el bosque, pasando por el sembrado de trigo y devolviéndose por el cultivo de uvas hasta volver nuevamente al lago. LLegado el día de la carrera, arrancaron ambas al mismo tiempo. La liebre con su rapidez, en pocos instantes logró tomarle gran distancia a la tortuga. Sin embargo la tortuga nunca dejó de caminar y a su lento paso pero constante, avanzaba tranquila hacia la meta. La liebre, segura de que no tendría ningún problema en ganar la competencia, decidió  echarse a descansar en el camino, hasta que en uno de esos descansos, se quedó dormida