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Habia
una vez... en el fondo del más azul de los océanos, un maravilloso
palacio en el cual habitaba el Rey del Mar, un viejo y sabio tritón
que tenía una abundante barba blanca. Vivía en esta espléndida
mansión de coral multicolor y de conchas preciosas, junto a sus hijas,
cinco bellísimas sirenas.
Sirenita, la más joven,
además de ser la más bella, poseía una voz maravillosa; cuando cantaba acompañándose
con el arpa, los peces acudían de todas partes para escucharla, las conchas se abrían,
mostrando sus perlas, y las medusa al oírla dejaban de flotar.
La pequeña sirena casi siempre estaba cantando, y cada vez que lo
hacía levantaba la vista buscando la débil luz del sol, que a duras penas se
filtraba a través de las aguas profundas. "¡Oh!, ¡Cuánto me gustaría salir a la
superficie para ver por fin el cielo que todos dicen que es tan bonito, y escuchar la voz
de los hombres y oler el perfume de las flores!" "Todavía eres demasiado
joven". Respondió la madre. "Dentro de unos años, cuando tengas quince, el rey
te dará permiso para salir a la superficie, como a tus hermanas".
Sirenita soñaba con el mundo de los hombres, el cual conocía a
través de los relatos de sus hermanas, a quienes interrogaba durante
horas para satisfacer su inagotable curiosidad cada vez que volvían
de la superficie. En este tiempo, mientras esperaba salir a la superficie
para conocer el universo ignorado, se ocupaba de su
maravilloso jardín adornado con flores marítimas.
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