


Cuando
era muy pequeña, la hija del rey de un país lejano perdió
el habla a consecuencia de un gran susto, y desde entonces siempre estaba
sola y muy triste. Su única alegría era cuidar las flores del
jardín.
Un día, en medio de las flores, encontró una extraña
planta que nadie había visto antes. A la joven le pareció muy
linda y le dedicó cuidados especiales. Pasaba horas enteras sentada
al lado de la planta, la miraba y parecía que le hablara e incluso
hacía gestos como si la estuviera escuchando.