


Una
pequeña hormiga andaba perdida en un granero buscando desesperadamente
algo de beber, pero no encontraba nada y ya se había resignado a morir
de sed cuando cayó una gota de agua, que le salvó la vida. La
gota milagrosa era una lágrima que se había convertido en mágica
porque era el resultado del dolor y de la desesperación. La hormiga
se dio cuenta de que, de pronto, había empezado a comprender e incluso
hablar el lenguaje de los hombres.En
el granero se encontraba acurrucada una joven llorando.
La hormiga conmovida le preguntó: